domingo, 8 de noviembre de 2015

Los ojos de la divinidad, de Pablo Martínez Burkett



Internet tiene esas cosas. No voy a ponerme a repasar ahora los pormenores de la red de redes. Acaso me atreveré a señalar algo sabido por todos y que constituye, según algunos, lo más básico de su esencia: la facilidad con que se accede al conocimiento de diferentes contenidos, obras y personas. Separar la paja del trigo ya es (siguiendo con la metáfora cerealera) harina de otro costal. 
Si hago esta introducción se debe a que la existencia de Pablo Martínez Burkett me fue revelada por una breve entrevista en una página web que ya no recuerdo (creo que un par de años atrás). Lo que allí se trataba me llamó la atención, a punto tal que sentí una inmediata curiosidad por este escritor, cosa que me llevó a su vez a interesarme en su obra y agregarlo a mis contactos en Facebook. Algún tiempo después, ya habiendo leído unos relatos sueltos de su autoría, decidí que era hora de hacerme con un ejemplar impreso de su obra. Hace unos días tuve finalmente entre mis manos un ejemplar de "Los ojos de la divinidad", el libro que amerita esta breve entrada. 
¿Qué puedo decir sobre este libro que sea justo a la hora de describirlo y que a la vez sea único, como la obra en sí? Acaso deba comenzar por lo más fácil y dejar en claro antes que nada que Burkett (a quien no tengo el gusto de conocer en persona) es un escritor genial. Que su prosa (rica y trabajada) ejerce sobre el lector una suerte de "efecto de péndulo" o de metrónomo, que encierra un ritmo casi hipnótico. Es una prosa exigente, a veces inquieta y siempre elegante, como el aletear de una mariposa. Los cuentos beben de lo mejor de la literatura rioplatense (algo ya señalado en otras reseñas, y que yo suscribo) y no pocos abundan en citas y referencias, a veces veladas, a veces explícitas. Resumir y simplificar las tramas es imposible, acaso señalar una constante en los textos: el examen del tiempo por parte de los personajes (no siempre evidente), y el posterior descubrimiento de una verdad que se vuelve inaplazable e irremediable, ya se trate de un hombre solitario que se encariña con un niño, de un mercenario perdido en la jungla o el devenir de los años que se derraman a partir de una canción.
Son relatos que en ocasiones deparan un final sorprendente, que encierran una resignificación; y que en otras oportunidades se deslizan hacia un cierre deliberadamente predecible, pero no menos eficaz, ni ejecutado con menor maestría. Burkett es un verdadero artífice de la prosa. Su literatura encierra un enorme disfrute tanto literario como lúdico e intelectual. No digo que sea para todos los gustos, porque si lo último que leíste fue "Cincuenta sombras de Grey", la obra de Pablo Martínez Burkett puede pasarte por arriba como un camión de "buen gusto" (en todo caso no hay problema, porque hay libros que saben esperar). Pero si algún curioso quiere empaparse de buena literatura, nada mejor que zambullirse en las aguas de "Los ojos de la divinidad". Yo lo hice y salí reconfortado. Editado por la editorial (perdón por esa redundancia) "Muerde muertos". Lo he agregado con felicidad a mi biblioteca.

H.R. Malkiel.  

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